jueves, 17 de noviembre de 2011

DUENDES, GNOMOS Y ELFOS

LOS DUENDES

Por naturaleza son criaturas comunicativas y amistosas;
viven en tribus y, como la mayoría de los seres "feéricos", imitan mucho los
hábitos del hombre, su vestimenta y sus métodos de trabajo y juego.
Pertenecen al suelo y tienen gran parte de la simplicidad rustica de los
agricultores. No está claro qué función cumplen en los procesos de la
Naturaleza por lo general, se los hallará en o precisamente debajo de la
superficie de la tierra. Los he visto cavando con mucha
solemnidad entre las raíces de plantas en crecimiento, pero impregna todas
sus actividades una expresión tal de burlona seriedad y simulación que no
está muy claro si consideran su esfuerzo como trabajo o juego. Los relatos
siguientes sobre los espíritus naturales de la tierra el agua, el aire y el
fuego están extraídos de descripciones de escenas observadas en diferentes
ocasiones, y tal vez ayuden a comprender a estos pequeños seres.
Sobre el escarpado sector de uno de los riscos de las costas occidentales de
Thirlmere existe una grandísima colonia de duendes; viven a pocos pies
debajo del nivel del suelo y pasan su tiempo tanto debajo como encima de la
superficie. Vi una cantidad de casitas, precisamente debajo de la superficie
de la colina. De forma muy perfecta, con ventanas y puertas, las casitas se
hallan esparcidas irregularmente por la ladera, y entre las hojas, raíces y
rocas que las rodean se aprecian cantidades de duendes. Lo que sigue es un
intento de describir una de estas, seleccionadas al azar. .
De una altura no mayor de seis pulgadas (15,24 cm), el duende parece un
ancianito, que lleva un cubre cabeza marrón similar a un gorro de dormir, y
un traje marrón que consiste en lo que semeja calzones anchos, medias y
botas de rigor en los duendes. El rostro tiene barba gris y da la impresión
de antigua rusticidad. Indudablemente, existe la ficción de una vida
doméstica, aunque no veo figura femenina alguna en esta aldea "feérica". Los
duendes pululan literalmente en esta ladera y su apariencia, expresión o
inteligencia varían poco. Parecen estar "evolucionando" aquí. Difieren de
cualquier otro duende que vi antes en que no parecen 'trabajar" en conexión
con proceso alguno de la Naturaleza aunque veneran a los árboles, no los
sirven con capacidad alguna.
Uno de los espíritus naturales de apariencia más joven, que también vive
aquí, se me acerca; está a dos o tres yardas (2,743 m) a mi derecha y
empieza a exhibir gestos extravagantes y un humor ingenuo. Es mucho más
delgado que los duendes
de aspecto más viejo, y tiene un toque de color en su persona: un poco de
rojo en el sombrero (que es cónico con la punta que pende hacia abajo) y un
poco de verde en su ropa. Me cuesta pensar que sea un duende; sus pies
rematan en punta, sus extremidades son delgadas y alargadas, y sus manos son
demasiado grandes respecto del resto de sus cuerpo. Apoya su mano izquierda
en la cadera y señala con su mano derecha en dirección al bosque, como si
mostrase orgullosamente las bellezas del lugar Además de su orgullo, hay
buena cantidad de vanagloria e infantil vanidad. De rostro afeitado y rojo,
de ojos pequeños, su nariz y mentón son prominentes, su boca es muy ancha y
aun más al expandirse en una mueca. Sus gestos y posturas son extravagantes
y asombrosos. Su cuerpo es tan sutil que puede doblarse y extenderse en casi
cualquier posición.
No puedo persuadirle para que se me acerque más, pues cuando intento hacerlo
empieza a demostrar inmediata aprensión. Parece sentirse incómodo aunque
pienso que, en realidad, tiene miedo. El aura humana no guarda armonía con
él, y es probable que, dentro de ella, perdiese el equilibrio. Por
contraste, advierto cuán etérea y frágil es su contextura, que posee menos
consistencia que un soplo de viento, pero la forma se halla claramente
delineada y los detalles son muy definidos.
AI observar nuevamente la comunidad de los duendes y esforzarme por captar
algunos detalles de su vida, ofreciéronse ciertos hechos peculiares. Por
ejemplo, un esfuerzo por ver el interior de sus casas reveló, para mí
asombro, que "al trasponer la puerta" ¡allí no había nada! La forma externa
es muy perfecta y pintoresca, pero el interior está en tinieblas. De hecho,
la ilusión de una casa desaparece por completo cuando se dirige la
consciencia hasta el interior. Todo lo que se ve son ciertas líneas sutiles
de magnetismo que fluyen. Los duendes entran por la puerta y entonces se
despojan de su forma, descendiendo más profundamente en la tierra en un
estado relativamente amorfo. Todos parecen tener la idea de estar ocupados,
apresurándose por el lugar de una manera pseudo seria, pero en lo que a mí
respecta todo se trata de pura ficción.
Una experiencia posterior sugiere que este pequeño ser era más bien un
elfo del bosque que un duende.
Las casas no pertenecen a individuo ni grupo alguno. Cualquier miembro de la
colonia las usa; este "uso" se limita meramente a entrar y salir por la
puerta. Es seguro que obtienen alguna satisfacción al contemplar el exterior
de estas estructuras construidas mediante el pensamiento. En conexión con
estos duendes del bosque no veo ninguna de las herramientas de trabajo,
maletines ni delantales que observé en otras ocasiones. Parecen menos
inteligentes y altamente evolucionados, y su existencia mucho más carente de propósito que cualesquiera otros que encontré.

BOTAS "FEERICAS"

Entre los pequeños seres de esta ladera frente a Helvellyn, lo primero
observable es un duende anciano quien, ahora que nos sentamos, se adelanta
hasta bordear la leña que está detrás de nosotros. Es de unas seis u ocho
pulgadas (15,24 - 20,32 cm) y usa un sombrero largo y puntiagudo, como un
cono levemente imperfecto, y un juboncillo verde, en forma de venera en el
borde inferior, desplegado alrededor de sus caderas; tiene vistas marrones,
está sujeto con botones y lleva un cuello ancho, como un capotillo, también
en forma de venera y con vistas. Unos pantaloncitos completan su atuendo. AI
principio muestra las extremidades inferiores de un elfo, alargadas y
puntiagudas. Tiene barba larga, gris y rala, y su rostro y su cuerpo son más
delgados y más austeros que los de los duendes habituales. Me recuerda
levemente una caricatura del Tío Sam, vestido con traje de Falstaff.
Se interesa mucho por nuestro perro y se acerca intrépidamente hasta su
nariz. Parece incapaz de considerar todo grupalmente, en conjunto. Advierte
la presencia de los seres humanos, pero el primer detalle que le sorprende
es la clase de botas que uso, botas de goma, marineras, con lona en la parte
superior de la caña. Después de observarlas fijamente, procede a
confeccionarse una muy respetable imitación de mis botas, de las que se
siente excesivamente orgulloso. Su simple imagen mental es más que
suficiente para cubrir sus pies con una copia del par de botas que contempla
con tanta admiración. Luego de andar con arrogancia durante un rato, como
para acostumbrarse a ellas, al final se introduce majestuosamente en los
bosques.

LOS ELFOS

Los elfos difieren de los demás espíritus naturales principalmente en que,
por lo común, no están vestidos con reproducción alguna del atuendo humano,
y su constitución corporal consiste en una masa sólida de sustancia etérica,
carente por entero de organización interior

LOS ELFOS DEL BOSQUE.

AI sentarnos en un tronco caído, dos diminutos elfos del bosque pasan
corriendo por el suelo más allá de nosotros. AI vernos, se elevan a unos
cinco pies (1,524 m. y nos contemplan considerablemente divertidos, pero sin
miedo. Parecen cubiertos por completo por una piel ajustada y de una sola
pieza, que reluce como si estuviera mojada y tiene el color de la corteza de
haya. Hay gran cantidad de estas figuras que corren por el suelo. Sus manos
y pies son grandes, totalmente desproporcionados respecto del resto de sus
cuerpos. Sus piernas son delgadas y sus orejas rematan en punta, casi en
forma de pera. Sus narices son también puntiagudas y sus bocas, anchas.
Dentro de la boca no hay dientes ni estructuras, -ni siquiera lengua, por lo
que puede verse como si todo fuese de una pieza de jalea etérica. Una pequeña aura verde los rodea. Los dos a los que observo en especial, viven en las raíces de una enorme haya. Ahora desaparecen a través de una hendidura por la que entran como e en una cueva, y se hunden en el suelo hasta fundirse en el doble etérico del árbol.

LOS ELFOS DE LAS PLAYAS

Unas formas pequeñas y raras, como de elfos, juegan en la playa entre las
algas marinas y la piedras. Tienen cabezas de tamaño desmesurado, rostros de elfos, orejas grandes, cuerpecitos redondos y
piernas cortas y finas que terminan en pies que parecen telarañas. Tienen una estatura de tres a seis pulgadas (7,62 - 15,24 cm); se familiarizan con los seres humanos y la presencia de éstos de ningún modo los perturba.
Aparentemente les interesan la vida y los procesos celulares de las algas
marinas.

LOS GNOMOS

"Gnomo" es un título genérico
de los espíritus naturales del elemento tierra. La investigación revela que,
si bien existen en la Naturaleza toda clase de seres "feéricos"
tradicionales, hay vastas divergencias dentro de cada tipo. Algunas
diferenciaciones son tan grandes que exigen nuevos nombres y
clasificaciones. En el futuro, cuando sin duda el naturalista, el etnólogo y
el explorador entren en el País "Feérico" y en todas las escuelas se
estudien los textos sobre el Reino de las Hadas, las múltiples y variadas
especies de seres "feéricos" recibirán, en su totalidad, nombres especiales.
Como creo que los nombres tradicionales son los más satisfactorios
desde muchos puntos de vista, he clasificado a tales habitantes del País
"Feérico" como los estudié bajo el nombre dado a la raza a la que más se
asemejan. En este subtítulo son descritas las criaturas de los árboles y los
enanos alados, aunque en muchas particularidades importantes difieren de los
gnomos verdaderos. Los estudiantes tal vez vacilen en aceptar la existencia
de un gnomo alado que viva en un árbol no obstante, en lo que atañe a mi
observación, los así clasificados se parecen más estrictamente a los Gnomos
de Tierra que a cualquier otro tipo. Por tanto, clasificaré como "gnomos" a
diversas criaturas que difieren en muchos aspectos de los gnomos de la
tradición "feérica". El gnomo verdadero vive normalmente dentro del doble
etérico de la tierra; es por lo común delgado y larguirucho, de apariencia
grotesca, cadavérico, con mandíbulas en forma de farol, y a veces solitario.
Da la impresión de extrema vejez; toda su apariencia y porte difieren
cabalmente de los del hombre actual. Sus brazos son demasiado largos para
nuestro sentido de la proporción, y como sus piernas, están doblados en las articulaciones como si se hubiesen endurecido con la edad. Su tez es muy tosca y áspera, los ojos son pequeños y negros, con un leve sesgo hacia arriba en los costados. Como se dijo, el gnomo es aparentemente una reliquia de los tiempos de la antigua Lemuria y, si esto es cierto, puede significar que el tipo es una representación de la apariencia de la gente de esa época. El gnomo de la tierra no es un tipo agradable de elemental; los encontrados en Inglaterra han sido de color muy negro o marrón-turba, y aunque raras veces fui objeto de su hostilidad, su atmósfera es decididamente desagradable.

EL GNOMO EMBRIONAL DE LA ROCA

En la profundidad de la sólida roca que está detrás de nosotros hay una consciencia en evolución que se manifiesta principalmente como
amorfas manchas de color dentro de la casi incolora esencia elemental de la roca, una especie de gnomo embrionario. Es visible el arranque de la cabeza,
con ojos y boca en un tenebroso perfil, pero el resto del cuerpo sólo está
sugerido desvaídamente, como si el trabajo preliminar de un artista
estampase las principales manchas cromáticas, dejando las delineaciones
claras para una etapa posterior Si no fuese por esta vaguedad, la criatura
sería excesivamente fea, por no decir de apariencia monstruosa. Para la
visión etérica, toda la roca es transparente y su habitante parecería estar
dentro de un enorme receptáculo de celuloide, a través del cual tiene una
nublada consciencia de lo que le rodea. El único poder volitivo que parece
tener es el de cambiar lentamente el foco y dirección de su consciencia
opaca y limitada; esto lo hace muy vagamente y como en sueños. La presencia
de esta criatura da cierta individualidad a la roca, advertible en el plano
físico como especializada vibración magnética. Es difícil juzgar el tamaño
del Gnomo, pero probablemente sea de diez a quince pies de alto.
Los pies embrionarios están muy en lo hondo, debajo de la superficie de la
tierra en la que está sepultada la roca, y la cabeza a unos tres pies en la cima de la roca.-

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